Mujer
13 de mayo de 2012
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Moda

Según lo anunció, son las creaciones de estos primeros años en las que Simons buscará fuente de inspiración. Esto implica que por los menos sus primeras temporadas estarán asentadas firmemente en territorio ‘new look’, con sus caderas acolchadas, cinturas ajustadas y hombros caídos. El estilo de Simons modernista, despojado y lineal no podría ser más diferente. Pero para él no hay contradicción. “Mi objetivo es un Dior muy moderno, pero también sé mirar hacia atrás“, dijo recientemente al New York Times.

Simons todavía se pone nervioso antes de cada desfile, no porque tema las malas críticas (dice que aprendió a digerirlas después de unos días) sino porque sinceramente quiere que su ropa guste. “Como diseñador, es tu responsabilidad prestar atención a la audiencia”, decía al WSJ.

En Dior deberá enfrentar ese y muchos otros desafíos. Por lo pronto, deberá poder administrar el estrés infernal de seis colecciones anuales, probarse en la alta costura, que nunca experimentó hasta ahora, asimilar plenamente las exigencias de una marca global y complacer al público de Asia, Rusia y Medio Oriente, para que concilie su gusto por lo fastuoso con su minimalismo. Y finalmente, aumentar o por lo menos mantener el volumen de negocios de Dior, fuente principal de LVMH (1,39 mil millones de dólares en 2011). En términos quizás más anecdóticos (aunque en la industria de la moda hasta lo que parece trivial no lo es), en la próxima temporada Simons deberá enfrentar su visión a la de Hedi Slimane, que también se estrena en Yves Saint-Laurent.
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