Como todos los años, la exposición de moda del Met será precedida por una gala a beneficio cuya organización estará a cargo de la imperturbable Anna Wintour, a quien acompañarán en la tarea la ‘socialite’ Lauren Santo Domingo, el diseñador Riccardo Tisci y la actriz Rooney Mara. Pero esta vez, la muestra no será a la gloria de un diseñador, como las que últimamente se dedicó a Alexander MacQueen, Schiaparelli & Prada o Yves Saint-Laurent, sino a la de un movimiento y, por cierto, no el más consensual: el punk.
Punk: from chaos to couture (Punk: del caos a la costura) explorará el impacto de esta corriente, iniciado en la música inglesa en los años 70, y su influencia en la moda urbana, así como en los ateliers de creación del prêt-à-porter de lujo.
A primera vista, nada une la estética del punk con la de la alta costura anunciada en la muestra. Sin embargo, a pesar de haber arrancado en sus inicios la desaprobación vehemente de la sociedad biempensante, muchas de sus características han quedado totalmente incorporadas en la moda popular y corriente. Pues ¿a quién sorprende hoy en día un jeans rasgado que deja ver la rodilla? ¿a quién asombra un tatuaje, un piercing, una niña con campera de cuero negro y Doc Martens en sus pies?
Punk, música y moda
El movimiento punk, originalmente musical y representado por grupos como The Clash, The
Ramones o The Sex Pistols y personajes como Johnny Rotten y Syd Vicious, surgió en Londres a mediados de la década del 70.
Los seguidores de la primera hora definían su ‘cultura’ como joven, urbana, antimaterialista, antiestablishment y en consecuencia antimoda, y su ropa estaba acorde con una juventud desesperanzada, sin empleo y sin medios.
Así, en respuesta a los colores brillantes del estilo disco, los punks optaban por el negro y frente al cabello largo de los hippies, llevaban el pelo como cortado a mordiscones, a menudo teñido de colores estridentes, cuando no se rapaban parte o todo el cráneo.
Los punks compraban su ropa en tiendas de segunda mano reinterpretándola burdamente, con el objeto de llamar la atención y, si era posible, de escandalizar. Si hoy los pantalones desgarrados, los bordes deshilachados y las camisetas de estampados despintados no faltan en el vestuario de ningún adolescente, entonces era una opción verdaderamente inédita que despertaba asombro cuando no indignación. Nadie había tratado a los textiles con esa falta de respeto.
Además de pantalones desgarrados, medias corridas y gruesas botas militares, los punks incorporaron objetos de la vida cotidiana para efecto estético. Alfileres de gancho o cinta aisladora para mantener unidas las prendas que habían rasgado intencionalmente; usaban cadenas y candados como collares y hojitas de afeitar como pendientes (años después, la alta joyería convertiría las versiones en oro en accesorios de status). El cuero, el látex y el vinilo eran grandes favoritos, posiblemente debido a su conexión con prácticas sexuales trasgresoras así como las medias de red (preferiblemente agujereadas), pantalones bondage (a menudo escoceses), bisutería de cuero y metal con puntas afiladas y un pesado maquillaje negro tanto para hombres como para mujeres. Muchas chicas punk se rebelaban contra una imagen femenina estereotipada combinado prendas delicadas como un tutú de danza con chaquetas de cuero y botas militares.
Creación popular vs. Profesional
Asociado con la idea de ropa destruida y reconstruida, no terminada y deteriorada, el look punk entró, a su debido tiempo, en el circuito comercial como un componente importante del estilo posmoderno y deconstruccionista de fines del siglo XX que puede verse aún hoy en el trabajo de diseñadores como Rei Kawakubo, Hussein Chalayan o Martin Margiela.
Pero es sobre todo el nombre de Vivienne Westwood el que se destaca como inspiradora de las tendencias del movimiento. Si bien posteriormente Westwood (hoy en día gran dama de la moda y comandante de la Orden del Imperio Británico) se haría célebre por introducir el uso exterior de la lingerie, el corsé y las crinolinas, sus principios están íntimamente ligados con el punk. Junto a su compañero Malcolm McLaren (mánager de las bandas New York Dolls y Sex Pistols) contribuyeron a una estética que llevó este movimiento cultural alternativo a la vanguardia de la moda. Su tienda de King’s Road -SEX- provocó el frenesí de los medios y dio lugar a una relación muy próspera entre música y moda que marcó el tono de las décadas que siguieron. Westwood y McLaren contribuyeron a la construcción visual del punk de los años 70 y su trabajo capturó ampliamente la energía y las tendencias del movimiento, pero aun así no debe considerárselos los únicos responsables de su difusión.
Jean-Paul Gaultier y la inglesa Zandra Rhodes fueron otros de los primeros diseñadores en abrazar la tendencia y usar elementos punk en su producción. En 1977, Rhodes diseñaba versiones más aceptables y elegantes de la parafernalia punk como alfileres de gancho y cadenas dorados y los agujeros en su ropa estaban perfectamente contorneados y estratégicamente ubicados. “Yo le puse glamour al punk”, diría después. Más recientemente, para el otoño-invierno 2011, Karl Lagerfeld propuso una colección punk y se ofreció una verdadera modelo con cabeza rapada y tatuajes -Alice Dellal, “una punk con estilo”, según sus palabras- para la campaña de carteras Chanel, mientras que las hermanas Mulleavy, diseñadoras de Rodarte, para la temporada primavera-verano 2013 embarcaron a la mujer en un viaje punk medieval.
La muestra del Met incluirá creaciones de Azzedine Alaïa, Hussein Chalayan, Dolce & Gabbana, John Galliano, Jean-Paul Gaultier, Marc Jacobs, Christopher Kane, Karl Lagerfeld, Helmut Lang, Martin Margiela, Alexander McQueen, Rick Owens, Zandra Rhodes, Riccardo Tisci (Givenchy), Alexander Wang, Yohji Yamamoto y Vivienne Westwood, entre otros.
La pregunta que queda es: la apropiación de la moda punk por los creadores establecidos y su llegada al museo, santificada por Vogue y la crema de la industria, ¿no es una manera de incorporarla a la sociedad y por lo tanto, de destruir su razón de ser?
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