En junio de 2011 la revista Vogue Italia causó revuelo con su portada. En ella, las voluptuosas modelos Tara Lynn, Candice Huffin y Robyn Lawley posaban frente al lente de Steven Meisel en una sesión llena de la sensualidad. Los cánones de belleza contemporáneos -dominados por la extrema delgadez- se hicieron a un lado en una de las principales vitrinas de moda europea para dar lugar a las curvas, a la versatilidad, a la asimetría y a unos kilos de más… a la belleza real. Belle Vere, como tituló la publicación.
Aunque muchos calificaron el hecho como “la vuelta de las curvas”, lo cierto es que el revival de la estética retro que caracterizó a la mujer desde la década de los 20 hasta los 60 se venía gestando varios años antes, específicamente a partir de mediados de los 90, período en que la mujer finalmente consolida su posición en la sociedad al aumentar considerablemente su participación en la fuerza laboral.
“A partir de los 60 la mujer lucha incesantemente por obtener poder en la sociedad, lo que se agudiza durante los 80. Con esto, también va adoptando un look que se asemeja al del hombre, andrógino, para enfatizar la igualdad entre géneros. Incluso existe una teoría sociológica que postula que mientras más se parezcan las formas de vestir entre ambos sexos, más consolidada está la posición social de la mujer”, explica Susana Saulquin, socióloga especialista en moda.
Esta tesis adquiere especial sentido en el contexto de la liberación femenina y su lucha por formar parte del mundo laboral y acceder a puestos de poder. Relevante o no, lo cierto es que demasiado glamour en el andar restaba seriedad y acentuaba las diferencias con el sexo opuesto en la búsqueda de esta paridad. Así, el sensual labial rojo intenso o las prendas muy ceñidas al cuerpo debieron limitar su uso algunas décadas mientras las mujeres apostaban por probar sus capacidades más allá de su belleza.
Paralelamente, en la evolución de la moda, el look andrógino de siluetas unisex que décadas antes habían propuesto Coco Chanel y Jean Patou, pero que en ese entonces se había reservado para la élite, se fue colando en todos los campos de la sociedad femenina. Como síntoma de rebeldía o capricho fashionista, la mujer moderna adoptó un atuendo más masculino y abandonó antiguos estilismos impuestos. El icónico traje pantalón Le Smoking de Yves Saint Laurent (1966) coronó uno de los puntos más álgidos de esta revolución de la indumentaria.
Pero una vez que la mujer consigue la equidad laboral -aunque aún deficiente en algunas áreas- se atreve a mirar al pasado para jugar antojadizamente con las estéticas más diversas, que van desde lo clásico hasta lo estrafalario. En ese universo de looks parece lógico que las voluptuosas curvas de Marilyn Monroe o la coquetería de las chicas pin-up hayan calificado como modelos a rescatar.
“Cuando la mujer ya se siente empoderada se atreve a jugar con aquellas estéticas que en algún momento no fueron opcionales. Pero esta ‘vuelta’ ya no tiene que ver con algo ideológico, como sí lo fue la adopción de la moda unisex, sino que con una especie de parodia, un juego lúdico que, con la seguridad que hoy goza, le permite asumir sin censuras. Ahora verse femenina no es un deber, sino que es una opción que no se contradice en nada con el poder que ha adquirido”, describe Susana Saulquin.
La televisión también ha contribuido, y no poco, con este revival. Las escenas que evocan el pasado en populares series como Mildred Pierce, Mad Men y Pan Am han puesto el look retro en el foco de la atención. “El cine y la series aparecen como un barómetro de lo que acontece en la sociedad, y esta tendencia a lo retro en la pantalla a su vez acentúa el interés que pueda haber por este modo de vestir por el público en general. Todo convive en un ciclo”, agrega Saulquin.
Del detalle al look total
Poniendo un poco de pragmatismo al tema, adquirir el sello vintage no significa disfrazarse de chica pin-up; la tendencia es hacerle guiños al modelo retro a través de detalles en el vestuario, accesorios, maquillaje y pelo. Aunque sí se atreve con un look total, como lo han hecho Scarlett Johansson, Kate Winslet o Kirsten Dunst sobre la alfombra roja, bienvenida.
“Esta tendencia se caracteriza por tener un aire nostálgico que permite crear un estilo propio con piezas de diseño de buena factura, en muchos casos de segunda mano, combinadas con nuestro guardarropa contemporáneo. Las notas más distintivas la suman los accesorios románticos como carteras, guantes en distintos materiales y colores, anteojos de épocas pasadas y los clásicos pañuelos de seda que son un detalle increíblemente elegante”, explica la productora de modas Fernanda Zamora. Para destacar la cintura, los cinturones anchos o chalecos cortos; para alargar el pecho, los escotes profundos; para estilizar la figura, un infaltable par de tacos, y para apretar y definir, las resucitadas fajas, uno de los secretos mejor guardados debajo de estas siluetas curvilíneas.
Pero el atuendo es solo una parte de esta caracterización. “El maquillaje debe ser extremadamente sensual, pero siempre elegante. La piel es clara y con los pómulos muy esculpidos. El delineado de los ojos es dramático, negro y de trazo grueso. El signo distintivo lo da la boca roja o anaranjada y redondeada con un delineador labial. Para el pelo, las ondas al agua que se logran con pinzas y un ondulador son el peinado característico”, describe la maquilladora Carla Gasic.
Las pasarelas también dieron cuenta de esta tendencia. Primero lo adelantó Marc Jacobs, quien desde la presentación de su colección otoño-invierno 2011 propone líneas que destacan el busto y las caderas de la mujer. Bajo la misma doctrina, Dolce & Gabbana en su colección primavera-verano 2011/2012 se inspiró en la voluptuosidad de las chicas pin-up de la década de los 50, mientras que Prada rindió tributo a las curvas de las mujeres con ceñidos bodys terminados en culotes que derrocharon sensualidad.
Si antes verse demasiado femenina era contraproducente para la liberación de la mujer, hoy la libertad es poder jugar con lo que cada una se quiera poner sin restricciones. Y si en el pasado la silueta andrógina hizo que el fundamento de la belleza fuera ser delgada, en estos días adquiere importancia tener un cuerpo sano y asumir con gracia la versatilidad de la silueta. Después de todo, la imperfección de la belleza real ahora también es un canon.
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