Mujer

Treinta veces casados

Alex Pelling y Lisa Gant llevan más de un año recorriendo el mundo en una casa rodante, para casarse 30 veces en 30 países. El primer matrimonio fue en Inglaterra, de donde son oriundos, para continuar celebrándolo en Estados Unidos, Canadá, México, Belice, Nicaragua, El Salvador, Colombia, Perú y también Chile. En esta entrevista la novia cuenta cómo ha sido la aventura, que ya incluye una ceremonia maya y otra a orillas del mar en Horcón.

En 2011, Alex Pelling, dueño de un taller de autos, y Lisa Gant, administradora de una tienda de retail, decidieron casarse. Y como es habitual, comenzaron por buscar un lugar para hacer la ceremonia y la fiesta. Recorrieron todo Manchester, la ciudad donde vivían, y averiguaron en otras localidades inglesas, rastreando algún salón, parcela o casa que les gustara, pero no tuvieron éxito. Una noche, mientras tomaban unas copas de vino en la casa, la pareja resolvió relajarse con el tema del matrimonio e irse de viaje. Si durante el trayecto encontraban un sitio que les fascinara harían ahí una ceremonia pequeña y se casarían, y fin del asunto. Pero a medida que la botella de vino se vaciaba y el alcohol les subía a la cabeza, la idea creció y se transformó en lo que los tiene -desde el 6 de junio de ese año- viajando en una casa rodante por los cinco continentes: el proyecto de celebrar su matrimonio 30 veces, en 30 países, incluido Chile.

La cifra que escogieron no es en honor a sus edades -32 y 30 años, respectivamente- ni responde a alguna superstición o cábala. “Simplemente fue el primer número que se le vino a la mente a Alex. No teníamos un plan ni mucha idea de qué pasaría después. Solo sabíamos que queríamos recorrer el mundo, conocer diferentes culturas y casarnos en los lugares que nos parecieran perfectos”, recuerda Lisa. “Hasta el momento lo hemos hecho 22 veces, en 15 países”, cuenta.

Las ceremonias que han realizado dependen de donde estén, según los ritos y costumbres del lugar. O también de lo que tengan ganas de hacer. Por ejemplo, cuando partieron, en Canadá, se casaron en una ceremonia de los First Nation, la comunidad aborigen de ese país. En Hawaii lo hicieron en una laguna con flores y delfines. En Estados Unidos fue tres veces: en Seattle, Las Vegas y en Los Ángeles, donde se casaron disfrazados como vampiros. En México efectuaron una ceremonia nupcial maya. En Centroamérica celebraron su enlace en países como Belice, Panamá, Honduras, El Salvador y Nicaragua, entre otros. Y durante este mes y hasta fin de año lo harán en América del Sur. “Hemos ido a Colombia, Perú y Ecuador. En Chile nos casamos en Horcón, y después viajamos hasta Arica y fuimos a las Termas Jurasi. También conocimos Iquique, Quillagua, el Parque Nacional de Pan de Azúcar, Bahía Inglesa, Vicuña, Los Vilos y Santiago. En los próximos meses iremos a Argentina, Uruguay y Brasil”, detalla. Después el itinerario contempla el este de Estados Unidos, Europa, África e India, para finalizar en Australia. Y desde ahí regresarán a su tierra natal.

El periplo, estiman, les tomará tres años, y para costearlo vendieron casi todo. Se deshicieron de sus muebles, electrodomésticos, cachivaches y ropas, y pusieron la casa en arriendo. Además, para disminuir los gastos viajan a bordo de Peggy, una camper de 25 años que compraron en Toronto, Canadá, con la que esperan regresar a Inglaterra. “Tiene todo lo que necesitamos, podemos cocinar, dormir y guardar nuestras cosas. La mayoría de las veces nos estacionamos en la orilla de un camino o en algún camping, y cuando es necesario preguntamos en hoteles cuánto nos cobran por usar la ducha. El ahorro que hacemos en alojamiento y comida es bastante”, explica Lisa.

Su historia de amor comenzó cuando ella tenía 18 y él, 20. Tenían amigos en común, entonces era habitual que se encontraran en reuniones sociales. En esa época ambos estaban emparejados, así es que cuando se topaban en fiestas o comidas solo intercambiaban frases de buena crianza. Y bueno, también un par de miradas, de esas de soslayo, de reojo. Pasaron ocho años y un día Alex le envió un mensaje de texto en el que le contaba que estaba soltero y le preguntaba, sin rodeos, si le gustaría salir con él. Ella, sin dudarlo, le respondió que sí. “Acababa de terminar una relación, así es que viajé a Manchester para juntarme con él y nunca más volví a Yorkshire, donde yo vivía. En un par de meses estábamos viviendo juntos. No podría haber sido de otra manera”, recuerda Lisa.

El tema del casamiento fue extravagante desde el comienzo. Tres meses después de tomar la decisión de casarse y de frustrarse porque no les gustaba ningún lugar, compraron pasajes de avión con destino a Canadá para el 6 de junio de 2011. Eso era lo único seguro. Pero ese día Alex despertó a Lisa y preparó el desayuno. Después de comer, terminaron de hacer sus bolsos, embalaron las cosas que faltaban y limpiaron la casa para que estuviera impecable para los nuevos arrendatarios. “De pronto, Alex me detiene y me dice: ‘tienes que ir a la peluquería en media hora’. Le pregunté qué estaba mal con mi pelo y por qué importaba si nos íbamos. Y me respondió: ‘porque nos vamos a casar hoy’”, cuenta Lisa. Alex había organizado la fiesta en el más absoluto secreto y en coordinación con las familias y los amigos de ambos. Y también con 25 dueños de negocios del suburbio manchesteriano de Didsbury, donde residían, para que lo ayudaran con la decoración, las flores, las velas, el banquete, las fotografías y el video para el recuerdo. Había planeado la primera ceremonia de matrimonio a horas de salir a conocer el mundo con ese mismo objetivo. “Alex me dejó sin aliento, organizó todo en tan poco tiempo. Ha sido el día más especial de mi vida. Aún no estamos legalmente casados y el objetivo de este viaje es encontrar nuestro lugar favorito de la tierra para casarnos ahí, regresar y finalizar esta aventura dando legalmente el sí”.

Tensión en el camino

Para los más nerviosos, solo pensar en organizar 30 veces un matrimonio puede ser estresante, pero para Lisa y Alex no ha sido de esa manera. Básicamente, porque no han  planificado mucho: averiguan sobre los rituales nupciales tradicionales de cada país y si les gusta, se casan. No han pasado por el estrés de las invitaciones, los centros de mesa, la carpa o el cotillón. Para la gran mayoría de las ocasiones solo ha bastado con ellos dos, un maestro de ceremonia y un fotógrafo profesional con el que se coordinan de antemano a través de su sitio web (2people1life.com). Y en cuanto a la vestimenta, un par de flores en el pelo, mantas u ornamentos típicos, un vestido de novia para ella y una camisa y un pantalón elegante para él, han sido suficientes. “No nos hemos tenido que preocupar de cosas como los padrinos o las damas de honor. Algunas ceremonias las hemos producido más y hemos tenido varios invitados, pero también hay otras que han sido muy íntimas. No obstante, todas han sido especiales, ni siquiera nos damos cuenta de si hay gente o no. Solo estamos preocupados de nosotros dos”, dice Lisa.

Sí han tenido momentos de estrés y pánico, pero estos han ocurrido durante los viajes. Como las variadas veces en que Peggy se ha averiado y han tenido que dejarla en el mecánico o en manos de los lugareños. O cuando accidentalmente tomaron un camino peligroso desde la frontera de Ecuador hacia Perú. “Debe ser uno de los peores que hay en el mundo”, asevera. “Nos demoramos 12 horas en avanzar 150 kilómetros por un camino de una sola vía, que a un costado tenía un acantilado de más de tres mil metros de altura”. O la vez que hicieron un paseo a caballo por un bosque panameño y horas después Lisa descubrió que era alérgica a los equinos. O cuando fueron rodeados por policías colombianos armados como para una guerra, que los detuvieron, les pidieron que se bajaran de la van y se ubicaran en la parte delantera del vehículo, como si fueran sospechosos de un delito. “Después de que nos revisaron compartimos con los policías fotos de nuestras familias… Definitivamente no hemos tenido ningún momento aburrido. Hemos pasado por muchas  experiencias y seguro que en el futuro habrá muchas más para contar”, afirma.

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