Mujer

Evolución

La vestimenta es identidad

La ropa es una forma visual de comunicación. Antes de que dos personas crucen una palabra ya han intercambiado información. A través de la ropa se pueden establecer, con mayor o menor precisión, sexo, edad, origen étnico, posición económica, estatus social, grado, ocupación, pertenencia, disponibilidad sexual, personalidad, opiniones, gustos, intereses y estado de ánimo.

"Cada generación se ríe de la moda antigua pero sigue religiosamente la nueva”, Henry David Thoreau.
 “La moda cambia, el estilo permanece”, Coco Chanel.


Ya en la prehistoria los hombres buscaban marcar su pertenencia o su diferencia a través de signos exteriores, por ejemplo, símbolos pintados sobre la piel. “Uno de los objetivos era demostrar su pertenencia a un grupo (inscripciones sobre el cuerpo, un cierto tipo de maquillaje, un cierto peinado). Otro, subrayar la jerarquía: el jefe tenía derecho a una vestimenta más importante. Un tercero, la diferenciación del hombre y la mujer. ¿Por qué? Para asegurar la supervivencia del grupo, el hombre debe procrear, por lo tanto debían fomentarse las relaciones heterosexuales en una época en que no era forzosamente evidente. Por ejemplo, se encontraron restos de color rojo en la zona del bajo vientre de fósiles femeninos. El hombre, por ser el cazador, era quien repartía la comida y es posible que las mujeres se pintaran esa zona de rojo para evocar las reglas, demostrar su fertilidad y atraer así su favor…”, explica la antropóloga Elisabeth Azoulay, directora editorial de la enciclopedia 100.000 Años de Belleza. Pero ya entonces existía una concepción de la estética y el homo sapiens, que ya tenía una firme idea de lo que era bello, utilizaba colorantes, ornamentos, trabajaba el marfil y el nácar y hacía bordados con caracoles. “Así lo demuestran los restos hallados cerca de Moscú de un hombre de 33 años, de 25.000 a.C., cubierto por una constelación de perlas que estuvieron cosidas  sobre su ropa. Lo que podemos constatar es que detrás de esto había centenas de horas de trabajo con el único propósito de producir una prenda bella”, explica.

La ropa, una segunda piel

Con relación a otros animales, el hombre nace con una carencia: no tiene pelos ni plumas para protegerse del frío, la lluvia o el calor. Ya desde su nacimiento solo permanece desnudo un breve instante y rápidamente se lo cubre. Para los humanos la ropa es nuestra segunda piel, tan indispensable como la primera. Y la moda, una consecuencia casi inevitable.

Coco Chanel era categórica: “Nada pasa tanto de moda como la moda”. La idea de moda como una renovación incesante surgió en el siglo XVII con Luis XIV, Rey de Francia, empeñado en dar ímpetu a las industrias  textiles locales para financiar los costos de su reinado. El rey mismo, terrible fashionista, imponía a su corte nuevos modelos y colores cada temporada para incitar al consumo. La corte, sumisa al paroxismo, alineó el concepto del ‘ridículo’ con el de ‘pasado de moda’. En el siglo XVIII, con los filósofos ‘iluminados’ que comenzaron a promover la novedosa idea de la libertad, se establecieron relaciones más personalizadas con la individualidad, la modernidad, la cultura y, en consecuencia, con la ropa. Las nuevas modas ya no salían solamente de los salones aristocráticos sino también de la calle. Por ejemplo la Revolución de 1789 impuso los pantalones de los sans culottes. En el siglo XIX, la revolución industrial daría un empujón a la democratización de la moda.

Moda e identidad en diferentes países:
¿Todos iguales?


Seguir la moda, respetar sus códigos, por más absurdos que sean, sirve como factor de integración social y de transmisión de un mensaje, desde los adolescentes con sus jeans que dejan ver su calzoncillo a las burguesas que llevan su cartera Birkin abierta, comme il faut.

A la popularización y asequibilidad de la moda se agregan ahora la globalización y la fascinación por las marcas. Los consumidores ya no buscan solamente una prenda sino un logo, una fantasía (sex-appeal, cool, felicidad, juventud), canalizada simultáneamente a través de los medios en todo el mundo, lo que da como resultado un ‘estilo global’, que atraviesa fronteras y culturas. El modelo  jeans-camiseta-zapatillas-gorra de béisbol puede encontrarse tanto en las calles de Manhattan como en las aldeas de África. Los centros comerciales en todo el mundo tienen las mismas enseñas.

Aun así, hay signos particulares que perduran: tras las penurias vestimentarias sufridas por tres generaciones, las mujeres rusas, herederas de una tradición de bellas materias y de ricos bordados, tienden a ‘sobrevestirse’ (por ejemplo, usan tacos altos todos los días, para todo tipo de trabajo). Con el surgimiento de la clase media en China, esta dispone de más dinero que nunca para gastar en ropa (se calcula en alrededor de 15.700 yuanes, o aproximadamente 2.500 dólares por año), lo que ha alentado el desarrollo de un mercado de fast fashion. En pocos países se ha producido un cambio tan radical como allí, de los uniformizados trajes mao en telas toscas y la camisa blanca obligatoria para los estudiantes, a la superproducción de hoy en día. Y por supuesto, la obsesión enfermiza por ciertas marcas. Los Estados Unidos, fundados por severos protestantes en el siglo XVII, que cubrían cada centímetro de su cuerpo, inspiran la moda joven y libre por excelencia. Ciertamente, fue allí donde en los años 50 y 60 se incubó el fenómeno teenager, donde surgieron el movimiento hippie y la cultura pop en los 60. Es además el país donde nació el jeans y, sobre todo, donde se transformó su identidad, de prenda de trabajo a uso cotidiano. Es asimismo el país de las subculturas (latina, asiática, afroamericana, wasp), todas ellas profundamente enraizadas en su propia identidad y fieles a sus propios códigos. En Francia la moda es un modo de vida, una industria fundamental desde el siglo XVII y la cuna de la alta costura: el país de Chanel, Dior, Givenchy, Hermès, Lanvin, Rochas, Vuitton e Yves Saint Laurent vive su reputación con orgullo. En Italia las mujeres prestan particular atención a los accesorios y al pelo, resabios de la Antigua Roma donde la ropa más vistosa estaba destinada a los hombres. La moda australiana está profundamente influenciada por su tradición de surf y deportes al aire libre; en España predomina el negro, herencia de una severa tradición católica; el perfeccionismo y la sutileza caracterizan la moda japonesa; la mezcla de África y América se evidencia en la moda sexi de las brasileñas; los brillantes colores del continente africano y su naturaleza salvaje se reflejan en sus originales estampados, y las mujeres de Medio Oriente desarrollaron un triste recato bajo el yugo de las culturas machistas dominantes.

La moda y el vestir guardan una compleja relación con la identidad: la ropa que elegimos usar representa un compromiso entre las exigencias del mundo social, el medio al que pertenecemos y nuestros deseos individuales. Lo fundamental, para hacerlo con ligereza de espíritu, es conocerse y saber escuchar esos deseos.

Gracias por leer este artículo. Si quieres puedes dejar un comentario, estos son siempre leidos y bien apreciados.
También puedes compartir esta información utilizando los siguientes servicios:

#{message}

gravatar

por: #{author}

#{date}

Consorcio Periodístico de Chile S.A. Derechos reservados
Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de Consorcio Periodístico de Chile S.A.
¿Necesita Información Comercial?  ¿Desea Contactarse con el Área Editorial?  >Términos y condiciones de uso  >Política de Privacidad