Mujer

Daniel Colzani

Es capitán e instructor de LAN, y recientemente fue reconocido con el premio Líder de Servicio, uno de los más relevantes que entrega la compañía.  Quizá este relato anime a hombres y mujeres que alguna vez se han imaginado pilotando un avión.

Fue un día de diciembre de 1995. Daniel Colzani (35) acababa de dar su último examen en la Escuela Moderna de Música, donde estudiaba composición, y como tenía ganas de relajarse  llamó a Roberto, su hermano piloto, y le pidió que lo invitara a volar. Hacía calor esa tarde. Treinta y cuatro grados, por lo menos. Se subieron al pequeño avión y en ese instante Daniel recordó todo. Primero a Enrique Colzani, su papá piloto, fallecido cuando él tenía 13 años; luego a su madre, Gloria Recart, quien había trabajado como auxiliar de vuelo antes de que él naciera. “Le dije a mi hermano ‘déjame volar un poquito’, él me pasó el control y encontré que era lo máximo. Fue como un flash back superlargo; me acordé de la carrera tan bonita que había hecho mi papá; mis juegos con los simuladores que nos había regalado. Recuperé todas esas imágenes y me di cuenta de que tenía una historia con la aviación. Ese día fue notable; nunca se me va a olvidar”,  cuenta.

 Decidido a retomar la cultura familiar hizo el curso de sobrecargo en LAN y voló durante un año y medio en esa condición. En paralelo a su trabajo comenzó a formarse como piloto privado, luego obtuvo la licencia comercial, postuló a LAN e inició el curso de primer oficial. Tenía 21 años y había trazado el mismo camino que su padre y su hermano mayor. Él recuerda: “Cuando yo era niño mi papá  se ponía a estudiar en el comedor y se sentaba con sus manuales y preparaba sus simuladores. Yo consideraba que era lo más taquilla aprenderme las listas de procedimientos de esos manuales. Él  decía ‘qué simpático’, pero no estaba entre sus planes que yo fuera piloto”.

Tu trabajo debe ser uno de los más difíciles y estresantes.
Creo que tiene sus dificultades, pero no es demasiado difícil. Nosotros somos gente normal, que hacemos un trabajo que está lleno de procesos. Eso que a ti te  parece tan complejo y raro se transforma en algo que puedes llevar de manera armónica, fluida, segura y eficiente. Todo está escrito y reglado.  Claro que debes ser metódico, responsable, criterioso y comprometido con lo que estás haciendo. No necesitas ser un genio, pero debes tener la habilidad de fijar tu atención en distintas cosas que están pasando al mismo tiempo, pero eso es algo que se entrena.

¿Cuál es el momento más placentero de tu trabajo?
Cuando tienes vocación por esto el placer se reparte a lo largo de muchos momentos.

¿Pero no hay un momento culminante?
A mí me gusta mucho despegar. Es muy lindo. Es una sensación especial; es como si uno se fundiera con lo que está alrededor.

¿Y cuál es la ruta que más te gusta hacer? Me gusta cruzar la cordillera, venir de Argentina a Chile; en realidad cualquier ruta que venga del este, en las tardes de verano, como a las 20.30. Es muy bonito ver el arrebol.

¿Te emocionas? Sí. Todavía me emociono.

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