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Essaouira: el balneario de moda de Marruecos

Clima templado y una ciudad amurallada perfectamente conservada -patrimonio de la Unesco- han hecho de este tranquilo puerto norafricano un destino cada vez más popular entre los mochileros europeos. Y es precisamente ahora, en plena temporada alta, cuando los invasores lo repletan en busca de música autóctona, buenos precios y deportes extremos.

En  verano y desde hace ya algunos años la costa atlántica marroquí vive una ‘revolución’. Gracias a las insuperables facilidades para cruzar desde Europa a África a bajo costo, y a sus kilométricas  y ventosas playas, los amantes de las olas del Viejo Continente han consolidado a Essaouira, un tranquilo pueblo  ubicado solo a dos horas al oeste de Marrakech, en Marruecos,  como el último grito de la moda entre los destinos surferos y kitesurferos .

Así, lo que hasta hace algunos años era conocido como una joya amurallada de rasgos fenicios, cartagineses y romanos, que encantaba principalmente a parejas mayores por su tranquilidad  inquebrantable y por sus excelentes mariscos, hoy entre junio y septiembre es también sinónimo de cuerpos bronceados, hoteles sobrevendidos y exceso de vendedores ambulantes.

Muy lejos de lo que se pudiera pensar de un país más bien conservador, los habitantes de Essaouira han aprendido a vivir con este fenómeno, logrando que los dividendos económicos acarreados por las visitas le ganen al ‘pecado’ de las mujeres livianas de ropa  e incluso a la ley seca tan característica del resto del territorio, que aquí, y sobre todo de noche, algunos locales nocturnos han decidido pasar por alto.

Esto ha hecho de esta ciudad-puerto un paréntesis liberal dentro de la cultura marroquí, que ha recibido a una serie de visitas ilustres encantadas con sus playas desérticas desde mucho antes de aparecer impreso en cualquier boletín turístico. Tal es el caso de Jimmy Hendrix, quien más de una vez hizo un alto en sus psicodélicas giras por la Europa de los 60 para descansar en los chalets veraniegos del jet set local, o del mismo Bob Marley, otro asiduo que también venía en búsqueda de paz interior.

Pero, ¿qué cautiva de este lugar más allá de sus celebridades, clima siempre soleado y olas perfectas? Las medinas son los centros comerciales de las ciudades árabes, caóticas por lo general,  pero en el caso de Essaouira esta es blanca y pulcra, dueña de un encanto que le valió la acreditación de la Unesco como patrimonio de la humanidad en el año 2001.

Además, este centro cívico, sin renombres ni ostentaciones, no tiene nada que envidiar a sus vecinas de Casablanca y también a la popular Marrakech; una de las gracias es su falta de aires de grandeza, luciendo un tamaño justo y en donde se mezclan tiendas de alfombras y narguilas, con esos cafés de perfecta cocina de influencia francesa tan propios de Marruecos.

Todo ocurre aquí en un cálido ambiente en donde reina el bajo perfil. Con esa ventaja de pueblo chico, se hace imperdonable no  recorrer sus laberínticos paseos comerciales sin detenerse a sorber un té de menta o  probar uno de los perfectos sándwiches de calamar o también el clásico tajine de cordero o de pollo, parecido a la cazuela chilena, pero seco y con una multitud de especias en ella.

Vale la pena perderse entre sus más de cuarenta corredores,  para seguir encontrando artesanías, alfombras, curtiembres y tiendas de antigüedades en donde abundan las joyas de tradición árabe, las lámparas de fierro forjado, pipas y adornos indescifrables hechos con vidrio soplado. Todo esto mezclado entre espejos, pinturas de la misma medina, souvenirs, inciensos  y hierbas para todo tipo de males.

Aunque los precios son bastante razonables, antes de que se decida a concretar una transacción recuerde: el regateo es una obligación y el trueque una muy atractiva forma de ganar la pasada. Un dato infalible: lleve celulares, cámaras digitales en desuso y todo lo que a usted le suene como tecnología de la década pasada. Todo este tipo de elementos lograrán que al vendedor le brillen los ojos y que no pueda resistirse a entregarle lo que usted quiera a cambio, haciendo que la chatarra digital se transforme en algo bastante más valioso que sus dirhams (moneda oficial) al momento de cerrar una transacción.

Essaouira cuenta con restaurantes bien atendidos y los precios que les corresponden. Es imperdible un paseo a camello por la playa que -también luego de un debido regateo- se puede obtener por algunos euros, guiado por un experto local, de quien podrá enterarse de cuando en Essaouira no había más que pescadores, familias millonarias y una que otra estrella de rock perdida.

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