En los alrededores del Barrio Chino de la ciudad de Los Ángeles se encuentra una inmensa bodega que alberga cientos de percheros de ropa usada. Su dueña, Shareen Mitchell, es una actriz que trabajó en películas como Buscando Justicia, con Steven Seagal (1991), y American Heart, junto a Jeff Bridges (1993), y en las series de TV Melrose Place, ER, Judging Amy, Law and Order y NYPD Blue, entre otras. Para ella “ser actriz y trabajar en cine o televisión no garantiza el éxito”. El año 2002 no consiguió un solo rol y no tuvo otra alternativa que comenzar a limpiar autos, casas y a cuidar niños. En su desesperación decidió comprar un par de prendas de ropa usada y transformarlas en lo que los grandes diseñadores estaban presentando en las pasarelas internacionales. En 2003 Shareen puso un stand con su ropa ‘enchulada’ en un flea market de L.A. Sus diseños cautivaron a las clientas y meses más tarde el kiosquito se transformó en una pequeña pero exitosa boutique. Un año después, en una gran bodega/tienda: Shareen Vintage, a la que empezaron a llegar clientas comunes y corrientes pero también personalidades como Kirsten Dunst, Katie Holmes e Ivanka Trump. En el año 2010 el canal de televisión Planet Green, de Discovery, le ofreció hacer un programa de moda que tuviera relación con el cuidado del medioambiente. Su propuesta de reciclar y rediseñar era ideal. Su show Dresscue Me, en el que asesora a mujeres en la elección de ropa usada y las ayuda a transformar las prendas para modernizarlas y resaltar la belleza de cada clienta, se convirtió en uno de los programas más vistos del canal y en un éxito en Latinoamérica.
Detrás de las cámaras
Shareen nació en Manhasset, Nueva York, pero a los dos meses de vida sus padres se mudaron a El Cairo y regresó cuando tenía seis años. Pasó la mayoría de sus veranos en el extranjero, París, Londres... porque su madre quería darles a ella y a sus seis hermanas una visión más amplia del mundo. “Recuerdo que una de las cosas que más me gustaban era visitar a las hermanas de mi papá porque compraban ropa en París. Me fascinaban las cosas que adquirían, estaban tan bien hechas y los colores eran maravillosos. Tenían muy buen gusto. Así fue como nació mi pasión por la moda”. Al salir del colegio postuló a la Editorial Condé Nast y comenzó a trabajar en la revista Mademoiselle. Luego lo hizo para Vogue y después para la agencia Elite Model. Incluso fue codirectora de su filial en París. Pero el estrés le jugó en contra y gracias a que un amigo se dio cuenta de que tenía bulimia decidió dejar el trabajo y regresar a Nueva York a cumplir su sueño de estudiar actuación. Y como ella dice, “la vida depende de ti, y siempre puedes volver a empezar”.
El encuentro con Shareen fue en su tienda de L.A. (tiene otra en Nueva York y acaba de inaugurar una en West Hollywood, que solo tiene ropa diseñada por ella). A la entrada hay un vestido rojo colgado y un letrero que dice: “No se admiten hombres”. Y esto se debe a que en el lugar no hay probadores. Las mujeres se cambian ropa entre los percheros mientras sus ‘girls’, como les dice a sus asistentes, las mismas que aparecen en su programa, se mueven de un lado a otro atendiendo con esmero y haciendo sentir especial a cada clienta.
¿Por qué elegiste la ropa usada? Trabajar con ella tiene la gracia de que encuentras prendas de diferentes tendencias y años, y buscas la manera de modernizarlas y reutilizarlas. En algunas épocas los vestuarios eran bastante ‘imponibles’, lucían un poco ‘locas’, pero la confección y los diseños de las telas eran fantásticos. Lo que hacemos es rediseñarlas para volver a usarlas. Por ejemplo, ahí hay un perchero que tiene muchos vestidos con flores, especialmente de los años 80. Hoy las flores regresaron y esos vestidos son perfectos. Los arreglamos y les agregamos algún accesorio como un cinturón, pañuelo, cartera o un sombrero y le damos un nuevo sentido.
Comenzaste tu tienda en 2004, ¿cómo nació? ¡Por desesperación! Estaba en bancarrota, no me quedaba dinero en las tarjetas de crédito y no tenía ningún rol en la televisión. Después de trabajar como baby sitter y limpiando autos y casas, me di cuenta de que era buena rediseñando, que podía hacer de la ropa usada algo nuevo. Y creo que acerté porque actualmente los diseñadores se inspiran en prendas vintage. Si miras las pasarelas internacionales puedes ver que todos sus trabajos son versiones diseñadas e inspiradas en épocas pasadas. Además, aproveché de aplicar todos mis conocimientos sobre la ropa gracias a los trabajos que tuve en revistas de moda cuando era joven.
Durante la entrevista Shareen está atenta a todo lo que ocurre a su alrededor. Le dice a una mujer afroamericana que le queda mejor el vestido amarillo que se probó antes. “Ese negro te hace una figura espectacular, pero el amarillo resalta tu piel”. “Perdona, es que yo creo que cada mujer que viene aquí espera salir sintiendo que es regia y se ve fantástica”, dice.
¿Y qué pasó con la actuación? La dejé ir. Era tanta mi obsesión por ser actriz que no tuve conciencia de que estaba persiguiendo lo imposible. Mi ego no me dejó ver que había otros planes para mí. Aquí en L.A. la vida es dura, no porque aparezcas en series de televisión quiere decir que eres exitosa. No puedes dejarte estar, y como yo veía que pasaban los días, las semanas y los meses y no conseguía trabajar como actriz, me comencé a angustiar (se le llenan los ojos de lágrimas).
¿Aún te emocionas al contarlo? Sí, porque yo amaba actuar, pero si no abandonaba ese sueño me iba a perder. Y como no me gusta rendirme ante nada, porque adoro ganar, decidí encontrar una manera diferente de ganar dinero.
¿Y qué sientes frente a este éxito? Que lo mío era esto. No sabía, a pesar de haber estado involucrada en el mundo de la moda, que podía entregar mis conocimientos y buen gusto para ayudar a que las mujeres se sintieran siempre lindas. Es un desafío constante. Así como lo fue el show de TV Dresscue Me, en el que de verdad di todo de mí. Cuando la gente del canal me contactó me quedé sorprendida y dije: ‘Shareen todavía tienes cosas por hacer’.
¿Eres realmente tan exigente como te ves en el programa? Tal vez aparezca algo de esa Shareen actriz, porque estoy frente a una cámara, pero lo que sí te aseguro es que protejo a mi gente y a mis clientas como lo ves en el show.
¿Cómo es la mujer que compra en tu tienda? Es una mujer que va a una fiesta con un vestido sencillo en tonos nude, rosa, agua… que deja al descubierto un hombro y se roba las miradas de hombres y mujeres.
¿Dónde encuentras toda esta ropa? Tengo proveedores privados que me avisan cuando llegan los fardos de ropa. Voy y elijo lo que creo se puede arreglar para dejarlo convertido en una prenda moderna.
¿Cuál es tu época favorita? Los años 30 y 40, cuando se lucían los hombros y los drapeados de los vestidos caían al suelo. El look del viejo Hollywood.
¿Y tu diseñador preferido? Karl Lagerfeld y todo lo que ha creado para Chanel y Dior; Oscar de la Renta y Marc Jacobs.
¿Y la prenda de ropa vintage que adoras? Unos pantalones negros de Yves Saint Laurent, de pierna recta hasta la cintura que compré en París, y que aún me quedan bien y se siguen viendo chic.
¿Cuál es tu estilo? Entre Sophia Loren y la reina de Inglaterra. Una mezcla entre lo clásico con un aire mediterráneo. Siempre digo esto, pero es verdad, así es como me veo.
¿Qué les dirías a quienes están a punto de rendirse ante la vida? Que no lo hagan. Que cada vez que comiencen un nuevo desafío lo hagan con humildad y modestia. Si das uno recibes dos. Y cuando Dios te da debes darles a los demás. Eso siempre hay que hacerlo.
¿Por qué lo dices? Porque doy el 1% de mis ingresos a una fundación que ayuda a las personas de menores recursos. ¿Y sabes por qué? Porque desde el día en que comencé mi negocio, las cosas buenas se han ido sucediendo una tras otra. La gente me pregunta cómo lo hice, y yo solo respondo “dejé que sucediera”. Por ahora no espero nada más. Solo miro y escucho, y espero ir o estar donde me necesiten, porque mi intención va a ser siempre la de ayudar.
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