Fetiche
En 1957, la actriz belga Audrey Hepburn protagoniza la película Una Cara con Ángel, en la que interpreta a una joven que trabaja en una librería. Luego de ser descubierta por un fotógrafo de modas, durante un viaje a París, imita el estilo vanguardista propio de los grupos contestatarios de la época; estilo que se construye sobre la base de un beatle negro. Bajo la influencia de Hepburn la prenda se populariza.
La historia del suéter de cuello alto, vuelto, cisne, tortuga o beatle (como se denomina en Chile) se remonta al siglo XIX. En ese momento las mujeres de la isla británica de Guernsey fabrican un tejido de lana cuya estructura no distingue espalda y delantero. El borde del escote termina en una franja de punto elástico que, gracias al movimiento del cuerpo, se eleva protegiendo del frío a pescadores y marineros.
A comienzos del siglo XX, el yérsey de cuello alto es adoptado en Estados Unidos por equipos de hockey o fútbol americano. En la década de los 30 deviene en una alternativa elegante para quienes desean prescindir de la camisa y la corbata. La idea se replica masivamente en los 60 cuando John Stephen, desde su boutique de Carnaby Street, en Londres, revoluciona la moda masculina. El ‘London look’ se comercializa en Estados Unidos. Los confeccionistas ofrecen, por 25 dólares, ‘suéteres de cuello tortuga para completar el look moderno’ y como ‘inicio a una revolución’. En el caso de las mujeres, el beatle irrumpe en la década de los 40, asociado a una imagen sexi, que rememora la figura de la pin-up, apelando sutilmente a lo prohibido. Se usa a la cintura, específicamente para destacar el busto. Durante los 50, bajo la influencia del movimiento existencialista francés, se libera de esta connotación. Musas del grupo, como la actriz y cantante Juliette Greco, imponen el beatle negro mezclado con otras piezas del mismo color. El efecto es impactante. El cuerpo pierde todo protagonismo, porque lo que interesa ahora es reivindicar la fuerza de la reflexión intelectual por sobre la vida cotidiana
A mediados de los 60, reinventado por André Courrèges, se transforma en la vestimenta ideal para viajar al espacio. El énfasis en un futuro por fundar requiere colores inmaculados, sin historia. Blanco, pegado al cuerpo, gracias al tejido acanalado, se lleva ahora con leggings y bajo una túnica. Desde los 70 en adelante, negro o blanco, es uno de los básicos preferidos por una amplia gama de mujeres. Para algunas ha adquirido la categoría de fetiche.
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