Mujer

Clase de costura

La actriz Juanita Ringeling es diseñadora y costurera autodidacta. Aprendió de muy niña, cuando heredaba la ropa de sus hermanas mayores y se resistía a ponérsela tal cual. Tuvo una tienda, ya no la tiene, pero sigue costureando para ella y para la gente que quiere. Todos los vestidos de las fotos realizadas para esta entrevista fueron confeccionados por ella con materiales reciclados.

Producción: María Paz Jiménez y Antonia Busquet / Pelo y maquillaje: Constanza Polanco con productos  M.A.C.

Este lo empecé hace tiempo, pero ahora lo retomé, y está hecho con puros retazos, este otro lo hice un día que tenía una fiesta... El cojín lo armé con género de un bluyín roto. Ahora estoy cosiendo un pie de cama de tres metros y lo tengo que terminar antes de julio, porque es para llevarlo a la casa que mi familia tiene en Loncoche… Este vestido era de un personaje de una película, y la parte de arriba la voy a llenar de botones… El negro con rojo me lo hice para el matrimonio de una prima. Y el blanco lo diseñamos cuando teníamos la tienda...”.

Juanita Ringeling lleva un buen rato trayendo ropa y objetos desde algún lugar de su casa. Va y viene varias veces. Trae uno, luego otro, y algunos minutos después se acuerda de que tiene otra prenda más en proceso de costura y regresa hasta que la mesa de su jardín se llena de vestidos marca Juanita Ringeling. Es una forma de decir, porque la marca con su nombre no existe, pero todo lo que ha compartido hasta este momento podría colgar de un perchero y ser considerado como diseño de autor. Una autora que recicla materiales para hacer nuevas piezas. Una costurera autodidacta que inventa una prenda por las puras ganas de hacerlo, como ese día que tomó un montón de corbatas usadas y armó un vestido para un matrimonio. Aún le quedan muchas de esas corbatas, las tiene agrupadas por colores y las azules piensa convertirlas en carteras que regalará a sus amigas, hermanas o primas. Porque si durante un tiempo se dedicó a bocetear y a vender, ahora solo le gusta crear para sí misma o para obsequiar. Su único negocio textil lo concentra en una caja. Ahí hay flores de papel y de porcelana y algunos encajes de tonos nude. Es su materia prima para confeccionar coronas de novia. Nunca había hecho, pero se inspiró en una antigua que le regalaron y manufacturó la primera para una amiga y luego otras más, y tiene varios pedidos.

“Soy superinstintiva para diseñar; cuando coso para mí no hago un molde, solo me pruebo y corto. Yo creo que uno nace con un cierto sentido estético. Mi mamá es muy así. Ella dice ‘voy a tejer a telar’ y al poco rato tiene lista una bufanda. Y uno le pregunta ‘¿cuándo aprendiste?’ y ella te dice ‘no, es que estuve mirando’”. Y de tal madre, tal hija. Porque toda esta historia tiene que ver con mirar. Mirar desde muy niña la ropa usada que vendían en el pueblo de Loncoche, donde pasaba sus vacaciones. Mirar en la adolescencia (aunque no muy a menudo) revistas con fotos de pasarelas. Observar, revolver y encontrar vestidos lindos en un cajón con decenas de prendas aparentemente inútiles. Mirar, desarmar y reciclar.   

Lo que se hereda, se tiñe

“Creo que se activó cuando iba recibiendo la ropa de mis hermanas mayores”, dice para ubicar el momento justo en que empezó a darle identidad a su vestimenta. “Era algo bien instintivo. Tenía claro que debía modificarlas, me compraba tinturas y las teñía. También las cortaba o les hacía algún arreglo con tres bandas de hilos para que se notaran los colores. Debo haber tenido como 13 o 14 años”, recuerda.

¿Eso lo habías visto hacer a tus hermanas o a tu mamá? Fíjate que no. Salió naturalmente. Siempre me han gustado las manualidades, pero también soy muy práctica. Hacer algo decorativo me cuesta un poco, porque no le veo sentido, entonces como la ropa era lo más funcional, derivé en esto. 

“Hagamos una pyme”, le dijo Juanita a su hermana Carmen Rosa algunos años después. Ya estudiaba teatro en la Universidad Católica y quería ganar plata. Compraron algodón, lino y poliviscosa, crearon ocho modelos de pantalón, contactaron a una costurera, y durante el verano del año 2004 comenzaron a vender. “El diseño tiene que ver con el gusto y con saber lo que uno quiere conseguir. En ese tiempo queríamos hacer pantalones playeros, cómodos, pero lindos”, cuenta.

Juanita y Carmen Rosa colgaron los pantalones en un palito y partieron a ofrecerlos a la playa de Cachagua, el balneario donde reside su familia. “Estábamos muertas de susto, porque no teníamos boletas”. Al año siguiente se retiró de la escuela de teatro y le propuso a su hermana que ampliaran el giro. “Todas las semanas iba a comprar géneros a la calle Independencia, llegaba a mi casa, extendía las telas y hacía los moldes. En ese tiempo se me abrió un mundo de creatividad”.

¿Te inspirabas en alguien? Creo que es inevitable dejarse influenciar, pero yo no iba en busca específica de una tendencia, pero si había detalles que me gustaban se los llevaba a la Miriam, nuestra costurera, y le decía ‘es algo así, pero dale dos centímetros más’. Las referencias sirven mucho, pero con mi hermana no queríamos seguir la moda, porque no se puede competir contra China, y porque si uno va a diseñar es para dar un sello personal. Al principio vendíamos en mi departamento, y servíamos pisco sour y vino para que fuera una noche divertida. Lo pasábamos muy bien.

Después inauguraron la tienda en Cachagua, se llamaban Bazar Color y la abrían solo en el verano.  Duró hasta que Juanita comenzó a actuar en teleseries, en el año 2008. Fueron tres temporadas. “Ya no tenía tiempo, pero seguí cosiendo para mí”.

¿Tiene corbatas que ya no use?

Juanita escribió esa frase un día y la reprodujo en decenas de papelitos que repartió entre los vecinos de los cinco edificios que conformaban el condominio donde vivía. También pidió que le donaran pilas y casetes, porque tenía la intención de organizar una muestra de diseño ecológico, y esos materiales le servirían para armar su propuesta. La exposición no prosperó, pero guardó todo lo recolectado y cuando tuvo que hacerse el vestido para el matrimonio de una de sus hermanas se acordó de las corbatas. “Me lo hice en un día”, comenta sobre la hechura de esta prenda.

Ya me di cuenta de que te interesa trabajar básicamente con materiales reciclables. Sí, porque mi vida diaria está muy relacionada con ese tema. Aquí en mi casa tengo un compost y una huerta; soy parte del proyecto Reforestemos la Patagonia, y también miembro de la Corporación Bosques de Zapallar. Entonces, es natural que me interese el reciclaje. Me entretiene mucho que nazca algo de un material que parece totalmente desechable. Ahí está el valor.

¿Te compras ropa confeccionada por otros?
Sí, pero en la ropa usada o en una tienda donde hagan prendas que tengan identidad. Eso me importa mucho… También hay marcas que me regalan ropa por mi condición de actriz y la uso, pero en algún momento una prima me dijo ‘pucha ya no te vistes como antes’.

¿Te dio que pensar el comentario de tu prima? Sí, heavy, por eso para los matrimonios o para algún evento especial trato de ir con algo hecho o modificado por mí, porque ese gesto implica una opinión, y si uno es un personaje más o menos público es importante dar un mensaje a través de una cosa tan simple como hacerse un vestido con corbatas. Siempre trato de confeccionar con retazos, pero sobre todo para regalar. Siento que eso tiene un valor, porque uno pasa algunas horas del día pensando en una persona.

De los personajes que has interpretado, ¿hay alguno del que te haya gustado su vestuario? Me acuerdo mucho de un personaje que no se parecía en nada a como yo me visto, pero era divertido: usaba botas de leopardo con pantalón blanco apretado y polera rosada con brillo. Todo bien al chancho. Ahora acabo de filmar la película Patagonia de los Sueños, de Jorge López. Está ambientada en 1870, y como yo rayo con las cosas antiguas... Usaba polisón y corsé, que son objetos que te sumergen en el personaje desde un lugar en el que uno nunca ha podido estar, y eso fue muy encantador.

Vedette del Bim Bam Bum


“Por primera vez en mi vida estoy yendo al gimnasio. Lo hice para sacar un poco de musculatura”, dice sobre el acondicionamiento físico que le exige su trabajo en la serie inspirada en el Bim Bam Bum. En estos días empezará a asistir a clases de baile para convertirse en una vedette de los años 50. “Hay una nostalgia latente sobre ese período. Cuando comento que voy a actuar en esta serie hay gente que me dice ‘yo fui’ o ‘mi papá una vez me llevó’”.

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