Mujer

¡¡¡YO QUIERO MI POSNATAL AHORA!!!


Jamás había desarrollado tanto mi faceta femenina como cuando una compañera de trabajo me recordó que los hombres teníamos posnatal. Al segundo lo googleé para enterarme con pelos y detalles de mis derechos masculinos, ahora que nace mi quinto hijo. Es una burrada a estas alturas pensar que es un concepto asociado sólo a las mujeres, lo sé, pero qué le vamos a hacer, pasado los 40 hay resabios del paleolítico con los que mejor ni luchar.

Lo tengo muy claro, son las mujeres las que paren con dolor y las que albergan y cargan por nueve meses a las guaguas, pero las salidas de noche a comprar el chocolate del antojo (que, dejémonos de chivas, no es más que un invento abusivo que uno soporta gustoso por el cariño) y las levantadas al chupete, al chanchito o para atender al resto de los niños, al menos valen los cinco días que la ley nos otorga de asueto a los hombres recién hechos padres.

A propósito, hace unos días le contaba de estas maravillas de la vida moderna a un cercano, algo anticuado y conservador, claro, y me decía que en su oficina un abogado joven se tomó su posnatal y que había caído pésimo en el resto. Es que en verdad a algunos todavía hay que explicarles con una pizarra y manzanitas la importancia de criar en conjunto, para los niños y la familia, y de estar presente y no perderse detalles de la vida que parte, para los papás. Mire, la mejor muestra de la barbarie en que sobreviven algunos de mis congéneres es que la ley tuvo que explicitar el carácter de irrenunciable del posnatal para los hombres*. Y estoy cierto de que el legislador no lo hizo para obligar a los cabros jóvenes que están teniendo hijos, porque hace rato que viven la paternidad 2.0. Lo pensó para protegerlos a ellos de jefes como el de la oficina que le mencionaba.

Después de este exordio masculino hay que dedicarle unos minutos al tema en serio, a la discusión sobre posnatal que se avecina y que antes de conocerse detalles ya genera polémica.

Si hubiera que hacer un ranking de enemigos a la consolidación y a la mejoría del posnatal, ganarían por lejos los que se parapetan en las rigideces. Aquí caben los y las que se oponen a entregarles a los propios beneficiarios la facultad de administrar este derecho según su realidad, por ejemplo pasando días del prenatal al posnatal, o los que sostienen que como el candidato Piñera dijo que habría seis meses de posnatal, ahora no se puede mover ni una coma, frase muy del gusto de algunos. Pero resulta que así pueden terminar por perjudicar a las mujeres, los primeros porque impiden que un hijo goce a fondo a su madre los primeros días si es que ésta se sintió bien y pudo trabajar hasta el final del embarazo, y los otros, porque no han podido o no han querido ver que una mujer desenchufada medio año de su ámbito laboral o profesional puede dejarla definitivamente fuera de juego. Ya que hablábamos de los padres 2.0, es hora de entender que también hay madres modernas, capaces de conciliar las dos capacidades cerebrales, la emocional y la intelectual, más ahora con las facilidades de la tecnología para hacer pega desde la casa. En el caso de las que no pueden acceder a trabajos calificados, también serían víctimas de la rigidez, es cosa de imaginar cuánto le costaría a una mujer en edad fértil competir por un puesto frente a un hombre de su edad. Y ésa no es una opinión; es un dato comprobable (hay que tener en cuenta que en 2009 la participación laboral femenina en Chile fue de un 43%, frente a un promedio de 53% en América Latina y un 65% en los países OCDE). Podría haber mil soluciones más inteligentes, como canjear los seis meses por cuatro, más el pago de otros cuatro en una guardería. O tres meses más seis de media jornada. En fin, no seré yo el que dé con la mejor opción, pero no hay que perder el foco: lo que se busca no es conseguir un derecho porque sí, hay que convertir este derecho en un beneficio y no en un perjuicio para la mujer.

Pero no, parece que preferimos el reino de la rigidez y de la mentira, en vez de sincerar las necesidades de una madre y un hijo recién nacido. Preferimos hacernos los lesos, total el récord que tenemos de licencias truchas lo paga moya.

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