La vida buena es... potenciar nuestro yo

01.Ponerse bonita por fuera y por dentro
Descansar bien, hacer actividad física y comer sano ayuda a mantener un cuerpo saludable y, creámoslo o no, esto se refleja a través de la piel, el pelo, la forma en que nos desenvolvemos y también en la postura. Estar sanas nos hace sentir seguras, serenas con nosotras mismas y más atractivas. Entonces, más que hacer un cambio en nuestra apariencia, hay que comenzar por sentirse bien desde adentro. Algunas mujeres tienden a convertirse en algo así como la heroína que lo da todo por el resto. No es que esté mal ser generosa, pero ¿anularse?, eso no está bien. La clave es soltar y balancear. Para lo primero sirve procurar que los hijos sean independientes a medida que crecen: si el niño ya puede ordenar su pieza, hay que fomentar que lo haga y vaya haciéndose responsable de su espacio. Para lo segundo, el punto es combinar deberes con momentos de relajo: reservar tiempo para los amigos y tomar clases de algo que siempre quisimos aprender.
02. Proponerse una meta
Esforzarse por un objetivo permite salir del círculo de pensamientos negativos en que muchas veces caemos; entusiasma y hace trabajar la mente en otra cosa. Así, poco a poco, resulta que lo malo no era tan espantoso.Por ejemplo, es un privilegio trabajar en lo que a uno le gusta y son pocos los afortunados que lo hacen, el resto sufre más que nadie cada vez que se acaba el domingo. Pero en lugar de pensar que la vida comienza el viernes por la tarde, cuando tomamos nuestra cartera y decimos adiós a la oficina hasta el lunes, por qué no darle una vuelta al panorama pensando que gracias a ese trabajo podremos conseguir algo, por ejemplo, ahorrar para vacaciones en el extranjero o estudiar aquello que nos apasiona. Hay que identificar cuáles son las propias necesidades. ¿Cómo se hace eso? Haciendo un alto para conectarnos con nuestro interior.
03. Buscar buena compañía
Cuando comenzamos a sentir que somos la peor de la comarca, la más loca, la más fea, la más tonta, entonces, surge el aislamiento. Mujeres, hombres, niños, adultos y viejos, todos tendemos a retraernos en estas circunstancias. Dejamos de salir con el grupo de amigos, vamos solamente del trabajo a la casa y viceversa, ojalá nadie nos busque ni llame por teléfono. Esto es usual, pero, por muy corriente que sea, no es bueno. Y es que cuando nuestra propia estima baja, nos tornamos hipercríticos de nosotros mismos y exageramos la realidad. Es necesario que alguien modere ese juicio y entregue elementos que hagan más verdadera y completa la evaluación. No se trata de rodearse de gente y evadir el dilema, sino de saber acompañarse y buscar a quienes nos hacen bien para no ahogarse en el ensimismamiento.
04. Recordar que lo malo es pasajero
Lamentablemente lo bueno no dura para siempre; afortunadamente, lo negativo tampoco. Eso hay que grabárselo en la mente para no envolverse en una espiral de negatividad.Cuando no nos sentimos conformes con lo que tenemos, se tiende a pensar que nunca vamos a superar la circunstancia, pero si hacemos un ejercicio de memoria, ¡sorpresa!: hemos salido unas cuantas veces de ese agujero oscuro donde viven la pena, la incertidumbre y la apatía. Ahora, la pregunta es cómo. Una fórmula es cambiar comportamientos, todos sabemos que cuando las cosas no resultan esto no pasa simplemente porque sí. Otro método es acordarse de instantes en que sentimos que no estábamos bien y recordar de qué nos ‘agarramos’ entonces: me junté más con mis amigas, me inscribí en un curso, viajé...
05. Considerar de quién viene una crítica y por qué la dijo
Los cuentos infantiles tienen princesas y príncipes, pero también están llenos de brujas que son envidiosas. De lo que intentan dar cuenta estas historias es que en la vida y en la gente hallaremos luz y oscuridad. Entonces, basta de ser ingenuas, se debe asumir que hay malintencionados y que cada quien tiene derecho a opinar. No se puede pretender que el resto no hable de nosotros, pero sí podemos esquivar a las ‘brujas’ o saber convivir con ellas considerando su opinión en la justa medida. Cuando alguien nos dice eres exagerada o lo que sea, hay que plantearse lo siguiente: esa persona piensa que soy así por tal razón y no porque sea dueña de la verdad absoluta.
06. Permiso para estar triste
Necesitamos momentos de tristeza, suena raro, pero es verdad. No debemos obligarnos a estar de buen ánimo siempre; darse cuenta de esto quita el peso de creerse una especie de bicho raro cuando invade la inseguridad y creemos que todos tienen resueltos sus conflictos, excepto nosotras. Tener autoestima implica quererse, pero aceptándose con lo bueno y lo malo. En lugar de hacer como esas personas que se esfuerzan por nunca estar apenadas y que pueden salir a bailar cuando recién han terminado una relación de pareja, cuando tengamos un episodio complejo hay que aprovechar de hacer un alto y asumir que es parte del trayecto; la vida incluye enfermedades, dolor, frustraciones, etc., y no es malo que pase, de hecho a veces resulta esencial para una reflexión.
07. Cambiar lo que no nos gusta
No se trata de ser superficial, pero es cierto que todas queremos ser bonitas, y otra verdad, una muy buena, es que todas podemos serlo. La clave es gustarnos, querer el propio cuerpo, cuidarlo y aceptarlo sin compararlo con el de otras personas. Cuando advertimos cosas que no nos gustan y podemos cambiarlas, hay que hacerlo: una hora en la peluquería para variar el look, tonificar lo que ya no está tan firme o hidratar esas manos secas. Ahora, si no es posible corregir algo, la esencia es aprender a vivir sin pensar en el tema. Si no me gusta mi figura, pero tengo un rostro muy atractivo, ¿por qué voy a vivir el día sintiendo que no me veo bien, en lugar de resaltar los rasgos mi cara?
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