No sé por qué, pero últimamente me he topado con varios de esos estudios sobre comportamiento sexual que siempre rinden tanto en los medios de comunicación y que siempre la dejan a una con la misma sensación: todo está mal en la cama. Por algo será, dirán algunos. Me he enterado, por ejemplo, de que la satisfacción sexual depende del momento del día escogido para tener sexo, ya que los niveles hormonales varían a lo largo de la jornada y, como era de esperar, hombres y mujeres seguimos distintos caminos en este asunto, también. Por suerte, según el estudio del alemán Peter Platz, hay dos momentos en que ambos biorritmos eróticos coinciden. Y no es la noche. Son la mañana y la hora de la siesta: entre las 8 y las 10 a.m. y alrededor de las 4 de la tarde, cuando las endorfinas alcanzan su nivel máximo en las mujeres, y las hormonas sexuales masculinas se encuentran a un nivel 50% más elevado que el resto del día. Otra investigación que encontré confirma el mito: ellos piensan en sexo tres veces más que nosotras. Lo dice la neurosiquiatra de la Universidad de California Louann Brizendine, que acaba de lanzar un libro sobre las diferencias entre el cerebro masculino y femenino donde, además de afirmar que los hombres son menos compasivos que las mujeres (ya lo sospechaba), sostiene que el área vinculada al interés sexual es 2,5 veces más grande en ellos que en ellas. Así que las cosas seguirían siendo como creían nuestras abuelas: el macho siempre listo y la chica que prefiere ver la tele. Mmm, no me queda tan claro. Según una encuesta española, los hombres también inventan excusas para no tener sexo. Y lo mejor son los pretextos: desde exceso de alcohol hasta la derrota de su equipo de fútbol. Nada de dolores de cabeza. En cualquier caso, parece ser un hecho que las parejas estamos teniendo mal sexo. Sexo apurado, cansado, escaso. Yo hice una miniencuesta entre amigos y concluí que la frecuencia es mucho más baja de lo que podría pensarse. Así que si usted está preocupado por su vida sexual, consuélese sabiendo que no es el único. O tal vez sea tiempo de vivir una experiencia como la del periodista Douglas Brown y su mujer, Annie, quienes publicaron un libro sobre su hazaña: ante una desganada vida sexual, decidieron obligarse a hacer el amor al menos una vez al día durante 101 días seguidos. Dicen que todo cambió para ellos. Y yo no les creo nada.
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