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Mujer

Sol Diaz

Historias de chicas feas

Esta joven ilustradora, representante del nuevo cómic chileno, es autora de unos personajes femeninos
políticamente incorrectos que son su álter ego. Bautizó sus historietas como Bicharracas, porque ni
cumplen con el mandato social de ser bonitas que cae sobre las mujeres ni sus vidas tienen una gota
de glamour. Rotundamente poco agraciadas, gordas, peludas, las historias de estas chicas enternecen
y arrancan sonrisas. ?Me pareció divertido contar historias de feas?, comenta ella.

“Toda mi vida he dibujado y los protagonistas de mis historias invariablemente eran hombres, talvez porque me era más fácil: no importa si los dibujas feos, pueden ser gordos, pelados, en fin, siempre van a quedar graciosos igual. En cambio, a las mujeres como que es obligación dibujarlas bonitas. Yo no quería hacerlas así. Un día me dije ‘ya, las voy a hacer a mi manera’ y nacieron mis Bicharracas con sus cuentos”.

Son personajes que todo el tiempo se están confrontando con la realidad y que, a fuerza de verse a sí mismos tal cual son –nada cercanos al estereotipo femenino que socialmente se difunde–, lanzan ácidas reflexiones muy feministas, rompedoras y críticas, pero también muy tiernas e ingenuas. Total, que uno no puede resistirse a la sonrisa: un humor agridulce nace de estas monitas nada correctas. No puede uno sino identificarse con ellas. Porque, como dice Sol, “todas las mujeres en un momento de la vida nos hemos sentido a disgusto con lo que somos”.

Titulada hace un par de años en diseño gráfico en la Universidad de Chile, Sol Díaz (24 años) es una de las pocas representantes femeninas del nuevo cómic chileno y de una tendencia llamada web cómic, en la que jóvenes ilustradores difunden sus trabajos y reciben el feedback de sus seguidores a través de internet. Fue así como las Bicharracas comenzaron a ganar adeptos y hoy cuentan con un nutrido grupo de fans que van comentando a Sol en el blog que ella les creó especialmente (www.bicharracas.blosgspost.com) sobre las desgracias que viven sus personajes, e incluso pidiéndoles que reaccionen de tal o cual manera. Tal ha sido el éxito de estas monitas que ingresaron al mundo editorial, que Ril Editores acaba de lanzar el libro Bicharracas Negras, Feas y Peludas de la joven ilustradora. Su próximo sueño es llevar estos personajes a la animación.

En el desarrollo de historietas, Sol cuenta también con otro personaje al que ha dado vida, con el que señala que se identifica mucho: Sinnada, un joven ecologista que no necesita ni siquiera ropa para transitar por el mundo, muy existencial y que todo el tiempo se está enfrentando con sus pensamientos a la fiebre de tener cosas que prima en el mundo industrializado. “Estos monos son mi voz”, comenta. Pero pese a su juventud, su obra es todavía mayor. En marzo se estrenará la serie Telonio y sus Demonios, de la que es autora, dentro del nuevo bloque de animación infantil Zumbástico Fantástico que lanzará TVN, en el que se emitirán cinco distintas series para niños. Ella es una de las cinco directoras que participarán en este proyecto, que trabaja con la productora Sólo por las Niñas. “Mi serie es un poco como Charlie Brown. Trata de Telonio, un niño guitarrista de jazz que se enamora de una pequeña intelectual llamada Melodía. Él es incomprendido por sus compañeros, y de su angustia le salen unos demonios. Al pobre le pasan distintas cosas que lo van alejando de su amor, pero siempre con la ayuda de sus demonios logra conquistarla”, relata.

Sol es también una pujante ilustradora de cuentos infantiles y muchos de sus bellos dibujos estuvieron expuestos durante todo enero en la Biblioteca de Santiago.

–¿Tenías ganas de rebelarte con tus Bicharracas contra ese mandato de ser bella que nos cae a las mujeres?

– Claro. Me planteé: voy a dibujar una galla que sea fea, y para eso tenía que hacerla bien fea, de modo que se notara harto el contraste. La dibujé incluso en los muros de la Universidad de Chile, en Marcoleta con Portugal, donde estudié diseño. Luego se me ocurrió desarrollar más este tipo de personajes y creé a las otras dos que acompañan a la fea.

Para eso, me pregunté qué cosas son terribles cuando se es mujer: tener la piel oscura y ser peluda, me respondí. Las hice así y les creé un blog donde comenzaron a tener vida. Así partieron las Bicharracas. Mi idea era que me postearan mis amigos y eso comenzó a suceder. Y me empecé a encantar con mis monitas feas.

Reírse de sí misma

Son atrevidas las Bicharracas y desarrollan su propia épica. Por ejemplo, a Disney y su industria no le dan tregua: “Aquí estoy yo sin príncipe y lejos de ser princesa”, comenta en
una tira cómica la fea, mientras lee un libro que le relata que
“la princesa fue feliz para siempre con su hermoso príncipe
azul”. Y se responde, tirando el cuento al piso: “¡Ese maldito
Disney con sus promesas!”. “No soy fea, soy diferente, Disney
siempre nos mintió”, plantea en otra de estas tiras el
mismo personaje.


–¿Batallas contra la industria de sueños, por ejemplo,
con tu crítica a Disney?


– Es que creo que nos distorsionó la mente. Yo estoy rompiendo
con los mitos que nos legó y con el daño que nos
hizo. Mis monitos son superhonestos, nacen de la vida real,
son muy sencillos.


–¿Qué más hay tras estos personajes aparte del drama
estético?


– Empecé a contar historias de mujeres feas y ahí como
que me hacía autoterapia, porque obviamente que estas
mujeres preadolescentes tienen mucho de lo que yo siento.
No considerándome una negra fea y peluda, creo que todas
las mujeres en algún minuto se sienten peludas o feas, y
otras cosas que se nos ocurren porque nos baja la autoestima,
no necesariamente porque seamos así. La cuestión era
reírse de esas cosas que a uno le suceden.


–¿No tuvo algo que ver el que tú no correspondes
al estereotipo de mujer que se nos plantea?


– Sí, siempre me he sentido superdistinta al resto de las
niñas, más cercana a los hombres. De chica jugaba harto a la
pelota y me cargaba que me pusieran vestidos. Ahora me
estoy conciliando un poco con la imagen femenina. Pero me
ha costado, porque a uno le enseñan que las niñas son y
deben ser de tal modo, y eso no es así: hay muchas formas
de ser niña. Así como que a los niños que no juegan a la pelota
altiro los apuntan como gay. Hay una variedad de mujeres
y una variedad de hombres. Talvez uno no es como la mayoría,
simplemente se puede ser un hombre o una mujer distinta.
Y eso es lo que quise transmitir en el fondo con mis
monitas. Ellas son como yo; creo que estoy un poco en cada
uno de estos personajes.


–¿Te daba rabia esa obligación de corresponder a
una manera de ser?


– Sí. Esto fue una válvula de escape, un rebelarme a través
del humor. Por eso ellas son chistosas, deben romper con
cosas, reventar; el humor tiene esa gracia, disuelve la tensión
que puede haber. La verdad es que esto surgió luego de
varias sesiones con el sicólogo, como una forma de terapia
también.

Punkis


–¿Qué es lo que más te gusta de estas Bicharracas,
de su identidad?


– Son mis tres hijas y mis tres amigas. Me gustan porque
son muy punkis para su cosas, llegan y dicen lo que piensan;
son personajes muy auténticos que nacen de la segregación
y luchan contra eso. Representan una diferencia propia de las personas que es muy potente, especialmente para las
niñas preadolescentes y adolescentes. Generalmente voy a
las ferias a vender croqueras y otros productos que creé asociados
a las Bicharracas y ahí he podido ver las reacciones
que producen. En la feria del cómic en la Plaza Brasil era
divertido cómo reaccionaba la gente: las niñas decían: Ah, tú
eres la fea, tú eres la peluda, esta se parece a mi mamá. Se
producía una identificación. Pero en la misma fecha fui a una
feria en Vitacura, donde había muchas peloláis, que cumplen
más con el estereotipo de la niña bonita´, y comentaban:
“¡Pero cómo hace tan feas a las monitas, qué terrible!”. No
eran capaces de entender, les parecía aberrante que se hablara
de una niña o joven fea. Obvio que también había algunas
que eran capaces de reírse.


–¿Pero generarán más simpatía que molestia?


–Sí, porque no es fácil encontrar personajes femeninos en
el cómic acá. Y lo femenino que hay altiro se acerca al estereotipo
femenino. “Al fin un libro para las feas”, dicen algunas.
Si ya es raro encontrarse con protagonistas mujeres en
el cómic, y más encima que sean feas, resulta que el colmo
de la segregación tiene un espacio ahí.


–¿Cuál de estas tres preadolescentes te gusta más o
te produce mayor identificación?


–La fea es la más sensible, a ella le da pena ser fea, pero es
irremediable para ella. En cambio la peluda, que es mi favorita
– yo soy en verdad la peluda– es la que menos sufre, es
más ruda, es la que más se divierte con sus pelos, es más
ahombrada. La negra me cuesta más desarrollarla; no se llama
así por ser de raza negra (a veces me han acusado de
racista por llamarla así), sino que corresponde a una clase
social, como la mayoría acá: es la más bonita de mis tres personajes
femeninos, pero sufre por ser morena.


–¿Tu idea es mostrar el drama de no ser como se
espera que seamos?


–Creo que algo de eso hay. Las niñas crecen, desde chicas, en
ese drama. Al final se entra en la dinámica del ‘querer ser’ lamentablemente.
Pero hay mucha gente que no es así. Creo que
somos más los que nos damos cuenta de que las cosas no tienen
necesariamente que ser de la manera como nos plantean,
que los que están perdidos, siguiendo esos mandatos.


–¿Y hay un goce personal en la libertad de ser políticamente
incorrecta como tus personajes?


– Por supuesto. Hay un disfrute en crear estos personajes
políticamente incorrectos. A mí eso me genera libertad. Hay
un chiste en que la fea lo ratifica: dice que al ser fea, es decir
al ser distinta, ella puede tirarse flatos, decir garabatos con
toda tranquilidad. Al final, da lo mismo lo que haga, nadie se
va a fijar en ella, porque es fea.

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