Son hombres fascinantes, pero capaces de convertir a sus parejas en una piltrafa humana. Por eso, la sicóloga italiana Umberta Telfener propone un “pacto” para quienes estén decididas a seguir con un espécimen tan especial. Eso sí, recuerde que se lo advertimos.
Antes de abandonarla, Rhett Butler suspira y le dice a Scarlett O’Hara con indiferencia: “Francamente, querida, me importa un bledo”. Las palabras de Clark Gable en Lo que el Viento se Llevó no son nada de extraordinarias. Sin embargo, lideran el primer lugar en la lista de las 100 frases más célebres en la historia del cine.
¿La razón? La película, basada en la novela de Margaret Mitchell, es una historia sobre dos grandes narcisos y, uno de ellos, lo es con mayúscula. ¿Sería posible el cine si no existieran estos personajes grandiosos, sublimes y almismo tiempo devastadores? Quizás sí, pero los filmes resultarían un tanto aburridos, sin emoción ni demasiado encanto. Un poco como la vida misma.
Por eso, tantas mujeres caen redondas cuando conocen a un tipo como Rhett: alguien capaz de ponerlas a la altura de las estrellas y, en la escena siguiente, a la altura de un bledo. Es por eso también que la italiana Umberta Telfener –sicoterapeuta y profesora de sicología de la salud en Universidad La Sapienza, Roma– se decidió a escribir unmanual de supervivencia para mujeres titulado Me he Casado con un Narciso (Editorial Arcopress, 2008). El libro puede parecer lectura fácil de autoayuda, pero esmuchomás que eso: Telfener, quien es experta en teoría de sistemas, explora en 300 páginas el lado oscuro del enamoramiento, es decir, la responsabilidad que les cabe a lasmujeres en estas relaciones donde el príncipe azul se convierte de pronto en un batracio insufrible, castigador y gorrero. Como veremos, la culpa no es sólo del chancho…
Partamos por reconocer a un narciso. Lo más seguro es que alguna vez usted se haya topado con uno. O, peor, quese haya enamorado, porque un narciso es un HOMBRE con mayúsculas o, al menos, cómo se enseña que debe ser un hombre: fascinante, entusiasta, competente, seguro, con un encanto erótico amplificado y, a la vez, muy emotivo.
Ahora, como todo en la vida, hay matices involucrados en el asunto.
Todos los seres humanos tienen una dosis de narcisismo (centrarse en el “Yo”) porque, de lo contrario, se convertirían enmonjes o en gomeros. El problema es cuando el ego comienza a interferir en las relaciones con los otros; cuando los hace incapaces de amar y los transforma en criaturas sumamente infelices.
Telfener recomienda irse con cuidado cuando se topa con un espécimen demasiado espectacular, uno que parece colmar todas las expectativas. Lomás seguro es que ese Jude Law o George Clooney (la relaciónmás larga de Clooney fue con un chancho) oculte un lado B nomuy halagador, lleno demiedos e inseguridades de las que –según Telfener– se defienden ya sea huyendo o maltratando inconscientemente.
La psicoterapeuta enumera una serie de características para identificarlos. A continuación presentamos algunas de ellas. Marque usted con una cruz o subraye las que correspondan a su relación:
A- Son encantadores y seductores.
B- Son personas que están muy heridas.
C- Son muy críticos. A veces, eligen a una mujer fuerte para debilitarla y, cuando está demasiado débil, ya no les interesa (es el caso de Rhett con Scarlett en Lo que el Viento se Llevó).
D- Tienen una capacidad casi sobrenatural (intuitiva)paradetectar los puntos débiles de los demás y ponerlos en evidencia.
E- Son imprevisibles.
F- Aprecian la debilidad del otro y corren en su ayuda.
G- No soportan las críticas.
H- Cuando están en una relación, quieren que se los cuide y se adapten a sus deseos.
I- Tienen miedo a la intimidad.
J- Buscan la autonomía fría, la de la autosuficiencia.
Si marcó más de cuatro características lomás seguro es que se encuentra frente a uno. Aunque, honestamente, es suficiente sólo con las letras A, B y C para completar el cuadro.
Lo interesante del libro es que su autora no escribe un manifiesto en contra de este tipo de hombres ni tampoco llama a sus parejas a abandonarlos (salvo que se trate de un “narcisomaligno”, en cuyo caso esmejor ir directo a la comisaría). Por el contrario, Telfener propone estrategias para saber llevar una relación de esta naturaleza. Ella sabe que los narcisos no sonmonstruos, sino que hombresmaravillosos, sensibles y que jamás logran aburrir. Quizás, también ella está (o estuvo) enamorada de uno.
La leyenda que da nombre a los narcisos (y también al trastorno de personalidad narcisista) tiene su origen en un mito griego cuya primera versión completa aparece en Las Metamorfosis de Ovidio. Narciso es un joven extraordinariamente hermoso y cruelmente orgulloso que huye de sus enamorados y enamoradas. Entre ellas se encuentra la ninfa Eco, que lo ama porque es hermoso y también porque se parece a ella. Es decir, Eco es una persona que aparentemente autonomía, pero al mismo tiempo muy dependiente de los demás.
Narciso es despiadado. Le grita a Eco: “¡Moriré antes que te adueñes demí!”. La diosa Artemisa interviene y decide castigarlo: lo condena a enamorarse de su propia imagen y, por lo tanto, a no ser correspondido. Cuando Narciso se acerca a una fuente para tomar agua queda fascinado con su reflejo. Su amor no es verdadero, porque sólo corresponde a una proyección de símismo. Finalmente, el jovenmuere ahogado tratando de alcanzar ese amor imposible.
Del mito se desprenden varias características de estos hombres, cuya mejor forma de reconocerlas es con ejemplos de mujeres enamoradas.
Para Camila, por ejemplo, cada encuentro social es una montaña rusa de emociones. Juan, su marido, un ingeniero connotado, consigue atrapar la atención de todos. Ella está orgullosa porque él la eligió “entre tantas”, pero al mismo tiempo se siente sola, una comparsa en el espectáculo que Juan monta cada vez que salen. Esta necesidad de gustar, también a él lo agota y cuando regresan a casa, cae en un estado de profunda apatía.
Como tantos narcisos, sumarido parece tener doble, triple personalidad: profesionalmente esmuy competente, brillante y racional, pero sufre grandes problemas en la intimidad. Necesita que todo sea intenso, no es capaz de sobrellevar la rutina del matrimonio y, por eso, siempre tiene una amante que cambia con regularidad y que lo hace sentir “vivo”. Camila aguanta.
Otro caso. Soledad nunca se había enamorado hasta que conoció a Raúl. Además de su belleza e inteligencia (estos hombres son siempre muy inteligentes, dice Telfener), le atrajo su aire atormentado, siempre al borde del precipicio. Se propuso “salvarlo” y fue así como sobrellevó una relación con alguien que constantemente perdía sus trabajos y que culpaba al mundo (a los otros) por cualquier fracaso en su vida. En todos los años que vivieron juntos, nunca le dijo que la quería, pero, aún así, se casaron. Claro que un par de semanas antes delmatrimonio, Soledad se enteró que Raúl ya había comprado pasajes de avión para irse a estudiar al extranjero. “Si quieres me sigues”, le dijo Raúl con indiferencia. Se casaron y, en lugar de disfrutar una luna demiel, vivieron un año separados hasta que Soledad decidió partir a acompañarlo. Así era él, vivía en constante fuga, escapando de los afectos y poniéndose siempre el parche antes de la herida. Pero ella lo amaba por su sensibilidad fuera de serie (Raúl sufría del síndrome de Stendhal, es decir, se fatigaba cada vez que veía algo demasiado hermoso) y por su amargo sentido del humor: “Bueno, cuando cumpla 37 años, nos separamos”, le dijo a Soledad medio en serio, medio en broma. Y claro, fue una profecía autocumplida, porque la relación terminó en divorcio cuando un buen día Soledad no soportó más y lo dejó. Él no dijo nada, no protestó ni le preguntó qué pasaba, pero hasta hoy se lamenta con sus amigos de la “ingratitud de las mujeres”.
He aquí dos tipos de narcisos. El exitoso marido de Camila sale de una relación y entra en otra como si cambiara de camisa, porque –según explica Telfener– este tipo de hombres necesita siempre de una figura femenina donde proyectar lo magnífico que son. Se trata de un narciso “grandioso” que, además, decidió convertir sumatrimonio en una “obra de arte” de la que pavonearse ante los demás. Como un Pigmalion, hizo de Camila una experta en pesca deportiva, aunque a ella bien poco le interesa el tema. Para no caer en el aburrimiento y, por lo tanto, encontrar un espacio donde reflexionar sobre símismos y sobre la relación, viven en una actividad tras otra, en una pesca tras otra, en la que ella, para complacerlo, se convierte casi en una trucha gigante.
Un famoso narciso “grandioso” es Dalí quien, literalmente, convirtió a su mujer, Gala, en una obra de arte de su propiedad. Pero la pobre Camila debe conformarse con ser una trucha.
En el otro extremo se encuentra Raúl. Él es un narciso “decepcionante” –según los llama la autora–, es decir, alguien que siempre anda buscando con lupa cualquier contrariedad para desilusionarse a sí mismo y a los otros. Generalmente, esta categoría de hombres se refugia en su melancolía y depresión porque, al menos así, se sienten “diferentes” al común de los mortales.
No importa si es del tipo “grandioso” o “decepcionante”, se trata siempre de individuos incapaces de disfrutar de las cosas simples de la vida. Siempre están buscando lo extraordinario y el amor “ideal”, ése que no existe. Susmujeres pueden llegar a convertirse en piltrafas humanas si no saben llevar bien la relación.
Pero no todo es negativo. La buena noticia que propone Telfener es que caer en las garras de un narciso puede transformase en la oportunidad para que muchas mujeres se conozcan mejor a sí mismas. ¿El motivo? Pareciera que ellos tienen una capacidad casimágica para tocar los puntos débiles, las heridasmás inconscientes de sus parejas. La sicóloga apuesta, optimista, a que un encuentro con un Rhett Butler cualquiera puede ser la ocasión que se presenta para “evolucionar” y crecer como mujeres. ¿Se acuerdan cómo Scarlett O’Hara pasó de ser una niñita mimada a una mujer dueña de su destino cuando, al final de la película, se promete a sí misma que “mañana será otro día”?
Puede parecer que los narcisos son unos monstruos insensibles, carentes de afectividad. Esto no es así porque, de lo contrario, estaríamos hablando de sicópatas y esa es otra historia.
En su libro, Telfener explica largamente que ningún hombre nace narciso. Siempre hay una herida profunda en la infancia temprana; una “separación” que puede ser el nacimiento de un hermanomás atendido, lamuerte de uno de los padres o el abandono. Aprendieron a defenderse con sus armas de niños: pataletas, fugas, pucheros; creando una imagen grandiosa de símismos para enfrentar a unmundo hostil, aunque no eran más que niñitos pequeños. Y así se quedaron. No aprendieron a amar en forma madura, sino que sólo a una prolongación de ellos mismos.
¿Y qué tienen en común las mujeres que se enamoran de estos sujetos? Telfener identifica un espíritu maternal no resuelto; la necesidad de sentirse salvadoras; un padre idealizado que, generalmente, también fue un narciso; la posibilidad de verse reflejadas en la grandiosidad de la pareja y –claro– el propio narcisismo. Pero lo más importante es que estos hombres identifican instintivamente el talón de Aquiles de los otros y obligan a sus parejas a tomar consciencia –quizás por primera vez– de sí mismas.
Por último, la autora menciona que sin humor estas relaciones son casi imposibles. Antes de tomar demasiado en serio cada crítica o fuga, lo mejor es traer a la memoria escenas de libros o películas protagonizadas por narcisos. Al final, los pobres siempre salen damnificados. ¿Recuerdan cómo al coprotagonista rubio del filme Entre Copas, una asiática lo muele a golpes con su casco de motociclista cuando se entera que el perla está comprometido? Es bueno tener en cuenta que no todos son tan magníficos como Rhett Butler. Y también que sus parejas están lejos de ser como Scarlett O’Hara. Aunque, de todas formas, mañana sea otro día.
Tomar las cosas buenas que ofrecen. Los narcisos nunca aburren ni son previsibles y es bueno concentrase en los momentos lindos que crean en una relación.
Aprender a crear un espacio propio. Entremás nos conocemos,más podemos crear un refugio seguro desde el cual tomar las cosas buenas de la relación. Para que esto ocurra, es clave aprender a quererse a símismas y no entregar el propio valor a los demás, menos a un narciso.
No convertirlos en monstruos. Evitar transformarse en víctimas de la relación, recordar que son personas heridas y jamás descalificarlos o pelarlos con los amigos. Eso es traicionarlos.
No tomarles demasiado en serio. Ni su egomanía ni sus estados melancólicos. Lo mejor es recordar una escena del estilo de Entre Copas.
Darles seguridad y gratificarlos y, almismo tiempo, no darles demasiado. Es un equilibrio difícil de alcanzar, pero nadie dijo que estar con un narciso era fácil.
No olvidar que tienen problemas con la intimidad. Es vital saber distinguir entre “no tiene ganas de estar conmigo” y “no sabe estar en las relaciones”.
No presionarles con pretensiones de amor. “¿Me quieres?” “¿Cuánto me quieres?” “¿Me quieresmás amí o a la otra?”. Estas son preguntas que sacan de quicio a cualquiera, más todavía a un narciso. Poner en evidencia la relación, hablar de ella o discutir, son acciones de las que literalmente huyen.
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